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El coleo en Venezuela
En Venezuela también se practica
este deporte, y aunque el propósito es el mismo, las reglas son diferentes. Las
trataré de explicar a continuación:
Para competir se organizan turnos de cuatro coleadores, los cuales tienen dos
oportunidades de colear en la jornada del día. Son las dos rondas que llamamos
en Colombia.
En los toros coleados el juez central se ubica en la tribuna principal, vigila
todo lo que sucede en la manga, impone el orden, hace cumplir el reglamento, y
además, mediante un altavoz, narra la competencia en el momento en que se está
desarrollando. Las frases de giros y el léxico empleados en la descripción que
hace el juez-narrador son propias de esta actividad; el ritmo de la acción y el
estilo son propios de cada juez.
Momentos antes de empezar las acciones el juez hace un llamado de advertencia a
los competidores para que se preparen. Al dar la orden ingresan a la manga los
cuatro coleadores del turno correspondiente en la forma en que el juez los
llame. Luego autoriza al juez de coso para que deje salir al toro. El grito de
cacho en la manga, indica que el toro está en la pista y se inicia la
competencia. Los coleadores se lanzan en persecución del animal; cuando uno de
ellos toma el rabo del toro, el resto de los participantes deben retirarse tres
metros para esperar que el coleador ejecute la coleada. Al caer el toro, si éste
levanta las cuatro patas, la coleada es efectiva; si no cae, o no levanta la
patas, es nula.
La coleada más celebrada es la denominada filo de lomo: sucede cuando el animal
da la vuelta por el lomo y levanta las patas (es prácticamente la campana).
Finalizando la acción, el coleador se aparta inmediatamente, y se reinicia la
disputa por la cola del toro tan pronto se levante. En esta disputa puede
participar también el coleador que acaba de hacer su coleada, pero sin entrar
bruscamente al pelotón, o puede ser sancionado. Esto es lo que se conoce como "recoleo".
Cada turno dura 5 minutos en los cuales los coleadores deben tratar de tumbar al
toro la mayor cantidad de veces posibles. Si el toro llega al tapón, los
coleadores lo pueden devolver, es decir que colean en los dos sentidos de la
manga.
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Constituye
una manifestación popular arraigada en nuestra memoria. Su origen está
emparentado con la historia de la ganadería en Venezuela. Desde mediados del
siglo XVI, con la formación de los primeros hatos ganaderos, es muy factible que
los obligaron a atrapar un toro que se escapaba de la manada, persiguiéndolo y
atrapándolo por el rabo hasta derribarlo. El hábito del <<coleo>> se establece
como práctica identificatoria del hombre de los llanos hacia 1780; así lo
demuestran algunas quejas que censuraban la costumbre, hechas por tenientes de
justicia en algunos pueblos de la región.
Como antepasado remoto de esta actividad se tiene a una antiquísima suerte
española llamada <<suerte del derribo>>, del <<acoso>> o del <<rejón campero>>,
que consiste en perseguir a caballo y derribar un toro en plena carrera,
mediante una pértiga o vara, apoyándola en el cuadril del animal, haciendo
fuerza para tumbarlo hacia el lado contrario.
En el siglo XIX se convirtió en un entretenimiento popular, con participación
del público que se aglomeraba en las <<mangas>> que se improvisaban en las
calles de ciudades y pueblos con motivo de alguna festividad. En Caracas se
acostumbraba <<colear>> toros entre las esquinas de Candelaria y Romualda,
Carmen y Municipal, en la calle principal de San Juan y en los pueblos cercanos.
Durante el gobierno de Monagas (1847-1858), esta diversión adquirió mucho auge,
pues en ella participaban militares, ganaderos y jóvenes aficionados,
acompañados por conjuntos musicales y premiados con las monedas que arrojaban,
desde los balcones, los ricachones caraqueños, y con las flores entregadas por
hermosas muchachas.
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