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La llorona
Varias son las narraciones fantásticas que sobre el espíritu
de la llorona cuentan los ancianos pobladores de la sabanas araucanas. La
llorona convertida en el espíritu vagabundo de una mujer que lleva un niño en el
cuadril, hace alusión a su nombre porque vaga llorando por los caminos. Dice la
tradición que la llorona reclama de las personas ayuda para cargar al niño; al
recibirlo se libra del castigo convirtiéndose en la llorona la persona que lo ha
recibido. Otras eversiones dicen que es el espíritu de una mujer que mató por
celos a la mamá y prendió fuego a la casa con su progenitora dentro, recibiendo
de ésta, en el momento de agonizar la maldición que la condenara: "Andarás sin
Dios y sin santa María, persiguiendo a los hombres por los caminos del llano".
Se dice que nunca se le ve la cara y llora de vergüenza y arrepentimiento por lo
que hizo a su familia. El espíritu de la llorona, transformado en leyenda, ha
acompañado al hombre llanero desde épocas remotas y de su existencia son
testigos muchos viejos don Juanes. Otros menos creyentes consideran que es una
creencia contraria a la razón, creada por los adultos con el objetivo de
amedrentar o atemorizar a los vaqueros que cruzaban caminos en busca de algún
romance nocturno por las sabanas. Un pedazo de tabaco de rollo en el bolsillo
evita la aparición de la llorona.
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